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Medio acuático y trastorno del procesamiento sensorial

La piscina terapéutica no cumple los requisitos necesarios para ser una sala de integración sensorial, pero sí nos aporta un entorno distinto en un medio acuático y complementario que puede ser aprovechado para el abordaje del Trastorno del Procesamiento Sensorial (TPS).


El input sensorial durante las sesiones en el medio acuático es muy diverso, por lo que el perfil sensorial debe ser conocido por el terapeuta acuático para poder adaptar las actividades a cada niño/a y así alcanzar el nivel de alerta óptimo durante las sesiones.


Hagamos un pequeño repaso de nuestros sentidos; de cómo pueden afectar en el desarrollo de las actividades en el agua y cómo observar las señales de “-hipo” o “-hiper” en el agua. Los sentidos externos (olfato, audición, visión y tacto) pueden modificarse más fácilmente que los internos, por lo que nos centraremos en aquellos internos, incidiendo en que el sistema táctil también forma parte de los sentidos internos, y que la piel y el sistema nervioso central derivan de la misma capa germinal, (el ectodermo), de ahí su relación tan estrecha entre ambos.


Los sentidos internos son inherentes a la persona y participan en el desarrollo del niño/a. Son inconscientes y más difíciles de ajustar y modificar de forma voluntaria.


  • Sistema propioceptivo. Los niño/as que sufren alguna disfunción propioceptiva disfrutan de las actividades acuáticas ya que el medio acuático ofrece resistencia al desplazamiento, proporcionando un estímulo constante a nuestros receptores propioceptivos.

    • Hipersensibilidad. La búsqueda constante del input propioceptivo se convierte en movimientos rápidos, búsqueda constante de contacto físico y pobre control del movimiento y de la fuerza.

    • Hiposensibilidad. El no registrar los inputs propioceptivos o hacerlo de manera pobre influirá en un bajo tono muscular, problemas de coordinación y dificultades motoras.


  • Sistema vestibular. La flotación y la sensación de ingravidez experimentadas en el medio acuático hacen que el sistema vestibular se beneficie de movimiento que no en todos los ámbitos del niño se puede ofrecer.

    • Hiposensibilidad. El niño/a no registra adecuadamente, lo que provoca dificultades en el control postural y la búsqueda constante de movimientos intensos y/o rotacionales.

    • Hipersensibilidad. Existen dos tipos de hipersensibilidad y en ambos casos, el niño/a siente miedo ante cualquier actividad y tienden a evitarlas: la inseguridad gravitacional, relacionada con el input vestibular lineal, y la intolerancia al movimiento, relacionado con cualquier tipo de estímulo vestibular.



Ahora bien, ¿cómo reconocer si mi hijo/a es un buscador sensorial en el medio acuático? ¿Qué actividades son las más indicadas para realizar?


Características generales de buscadores sensoriales:


  • Entrada al agua de golpe y disfrutando de las salpicaduras

  • Disfrutan de los ambientes ruidosos

  • Buscan contacto físico constante

  • Prefieren ropa ajustada y andar descalzos

  • Buscan estimulación muy intensa, cambios posturales constantes y posturas imposibles

  • Prefieren colores vivos e iluminación intensa


Intervención: Será muy importante crearle rutinas durante las sesiones con mucha carga propioceptiva que le ayude a regular su nivel de alerta. Además, le ayudará a mantener la atención en cada actividad, favorecerá el contacto ocular y la cocontracción en miembros superiores, lo que regulará su sistema propioceptivo y vestibular.


  • Encargarle de transportar y repartir el material a utilizar a sus compañeros.

  • Trabajar a nivel grupal para favorecer el contacto físico (seleccionando bien a los compañeros).

  • Aprovechar las características del agua: presión hidrostática, propiocepción y tacto profundo mediante juegos como recoger objetos sumergidos algo pesados o recorrer circuito de aros sumergidos en diferentes profundidades y planos.

  • Utilizar material de flotación para añadir resistencia en los movimientos en que haya que vencer la fuerza de empuje.

  • Darle la oportunidad, si utilizamos música, que la elija él para seguir ritmos rápidos y cambiantes.

  • Al salir del agua, utilizar la salida impulsándose con los brazos y teniendo que arrastrarse por el borde la piscina.


Si al niño/a buscador sensorial no le ofrecemos un input sensorial lo suficientemente alto como para mantener su estado de alerta y para desenvolverse de manera satisfactoria en el agua, lo buscará de manera desorganizada y/o poniéndose en peligro.


Annaïk Jonkers, es Terapeuta Ocupacional en Red Cenit

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